LE ANARKO-KAPITALIQUE
Sunday, August 13, 2006Hace un par de sábados me fui al Cine Arte Alameda a ver Días de Santiago. Pero cuando llegué ya no quedaban entradas. Ya está la sala llena, me dijo el pelado de la ventanilla así como si no tuviera conciencia del enorme esfuerzo que hice para llegar hasta ahí. Así que me largué mascullando mi rabia, caminando por la Alameda hasta Mc-Iver, entrando luego por calles desconocidas y hostiles –sí, un paseo por el centro puede resultar toda una aventura- hasta que llegué a Huérfanos. En un kiosko estaba el último Le Monde Diplomatique que decía en grandes letras “¿Por qué?”. Gran pregunta. Por qué. A lo mejor en ese número un analista me explicaría por qué no había encontrado entradas para ver Días de Santiago. O por qué la Claudia Conserva no calienta a nadie. O por qué Marlén se tuvo que ir de Morandé con Compañía, etc. Esas preguntas esenciales que uno se hace a veces. Así que cancelé los mil novecientos cincuenta pesos que costaba el ejemplar y me lo llevé a mi casa. Pero no salía nada de lo que esperaba.
Igual trataba temas importantes, como las fraudulentas elecciones en México. Especulaba la editorial sobre qué hubiera pasado si comicios así de indecentes se hubieran llevado a cabo en Venezuela, resultando ganador Hugo Chávez. Habría sido un escándalo mundial. Los EEUU habrían puesto el grito en el cielo por el atropello a los derechos humanos y la ausencia de democracia en el país sudamericano. Pero como fue en México, y la maniobra favorecía al candidato de TV Azteca y Televisa y los grandes conglomerados cuates, pues no pasó nada. Me lleve el chanfle. Apenas se informa sobre las denuncias de López Obrador por las irregularidades en el conteo de los votos que hicieron que su rival directo, Felipe Calderón, le ganara por apenas el 0.56% de los sufragios. El desenlace del culebrón mexicano se sabrá a fines de agosto.
En la entrada de un Burger King me encontré con Superman invitándome a comer hamburguesas. A lo que se dedican los héroes ahora, pensé. Antes sólo nos protegían contra amenazas interplanetarias y locos megalómanos. Ahora también te ofrecen hamburguesas y cajas con porquerías de plástico adentro. Pero si lo pensamos bien, ese Superman igual está salvando al mundo, porque promueve el consumo, que es la clave para una economía saludable. Y una economía saludable es fundamental para tener un mundo a salvo. Ya saben que este sistema tiene que mantenernos a todos comprando para que funcione. Y Superman entiende muy bien que no es suficiente con andar por volando por ahí con los calzoncillos encima del pantalón para salvar al mundo, si sus habitantes no consumen. Por eso me lo encontré a la entrada de ese Burger King. Y por eso, aunque la última película haya sido un perfecto bodrio, el hombre de acero sigue siendo mi ídolo, porque ha entendido las leyes del libre mercado. El hombre cara de acero, George W., también ha entendido cómo funciona esto. Por eso no firma el protocolo de Kioto. Para qué precipitar el fin del mundo disminuyendo la emisión de gases de las industrias –con el consiguiente deterioro de la economía global-, si en algunos años más el efecto invernadero acabará con todos nosotros. Eso se llama tener visión de futuro.
GUERRA_CONTRA_EL_TERRORISMO.JPG
Ahora todo el mundo ha puesto el grito en el cielo porque en Inglaterra han desvaratado un malévolo plan terrorista que de haberse concretado, habría matado a al menos 2000 civiles en EEUU. “Esto confirma que estamos en guerra”, ha dicho el presidente Bush, porque los terroristas están “contra lo que creemos” -si este tipo creyera que deben bombardear mi casa para que el mundo occidental viva en paz, yo también estaría contra sus creencias. El asunto es que ahora resulta más terrible un atentado terrorista frustrado con sus miles de posibles muertos occidentales, que sangrientos bombardeos en Medio Oriente con víctimas muy reales, pero árabes.
Según Naciones Unidas, unos 6.000 irakíes han muerto sólo en los meses de junio y julio. Y en Afganistán todos los días se registran “víctimas colaterales” de ofensivas militares de la coalición que intenta impedir el regreso de los talibanes. ¿Recuerdan la invasión a ese país luego del 11-S? ¿Recuerdan a esos misiles inteligentes estrellándose contra casas y hospitales? Pues hasta el día de hoy los habitantes afganos continúan sufriendo igual que en aquel entonces las equivocaciones de esos misiles inteligentes, que deben tener el coeficiente de un chico Mekano. Y a nadie le interesa porque ahora está de moda El Líbano, tal como hace meses estuvo de moda Irak y años atrás Afganistán. Y nuestra posición se reduce a frases cliché y a una chapita que dice “NO A LA GUERRA”. Who cares... los muertos sólo existen si aparecen en las noticias, y las bombas sólo causan daño cuando explotan en las pantallas de CNN. La mayor parte del tiempo es un enredado conflicto con muchos nombres árabes que se desarrolla muy lejos de aquí, y donde mueren locos barbudos en nombre de Alá. Al menos ahora las calamidades circulan en formato jpg, para el horror de todos. Hasta que El Líbano pase de moda y el foco de atención se concentre en otro lado donde se registren imágenes más escabrosas, no importa si los libaneses siguen muriendo o no.
A TRAGAR QUE EL MUNDO SE VA A ACABAR
Otro informe de la ONU del 2005 concluyó que la mayoría de los problemas medioambientales ocurren a causa de “los métodos aberrantes de producción de comida”. Se trata de métodos que consumen más recursos de los que producen y que provocan daños enormes e irreparables. En otras palabras, como están las cosas hoy, tenemos que dejar la cagada en el ecosistema para poder comer. Es en este escenario que nace el movimiento “Slow food”, que propone construir otra gastronomía con sistemas de producción sostenibles en el tiempo y que preserven el medio ambiente. El movimiento está compuesto en gran parte por gente del mundo rural, campesinos concientes de la importancia de tratar bien a la tierra. Suena interesante. O fome, depende de los intereses de cada uno.
Entonces cuando Bush habla de “nuestras creencias”, debemos tener claro a qué se refiere. Se supone que tenemos que sentirnos identificados con la american way of life y su amplia libertad para llenarse las arterias de grasa con comida basura; para escoger democráticamente entre cientos de canales del cable y miles de ringtones para el celu. Se trata de comprar y tragar y mantener altos niveles de producción hasta colapsar. Y para resguardar este sagrado orden de cosas, hay que pulverizar a otros que no se identifican con nuestros valores. Y si tienen territorios llenos de petróleo, pues mucho mejor. Libertad y democracia a cambio de combustible. Es un módico precio por valores tan sagrados.
Así que ya lo saben. It´s our war.
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