El orgullo nacional estaba herido. Si hace 10 años atrás los chilenos podían asegurar no sin cierta soberbia que "en nuestro país no hay corrupción", hoy ante tamaña evidencia deben rectificar: En nuestro país hay corrupción, pero no tanta. No tanta, significa desviar la mirada hacia la paja del ojo vecino, obviando en lo posible la viga del propio. Porque buscar consuelo en la desgracia ajena es un acto tan humano como sacarse los mocos.Pero como caída del cielo, llegó la
Teletón y con ella la restitución del orgullo patrio. 11 mil millones de pesos costó la gracia pero valió la pena. La solidaridad chilena debe ser uno de los mitos de mayor arraigo en el inconsciente colectivo y campañas como ésta le otorgan una base tan sólida y duradera como los años de vida que le quedan a
Mario.
"La Teletón en Don Francisco", dicen los sabios, presagiando que ante la ausencia del cabezón animador la solidaridad chilena se irá a las pailas, o al menos se ausentará hasta que aparezca otro aglutinador de masas de semejantes características. Difícil.
Por ahora las especulaciones están demás. Mejor dedicarse a disfrutar el presente. Y el presente dice que
Chile es un país solidario y ningún
PPD manos largas podrá opacar ese hecho con sus ordinarieces. La tarea está hecha. De país corrupto hemos pasado a ser una nación solidaria en sólo 27 horas de amor. Lo que no pudo hacer
Lagos Weber con su férrea defensa a la gestión de su papi, lo logró
Don Francisco en una amanecida.
Es por eso que resultan inadmisibles las críticas a la
Teletón.
Que es un gran negocio, vaya novedad.
"Solidaridad" y
"empresa privada" no son conceptos compatibles (a menos que haya una suculenta suma de por medio que haga posible tal unión). Por eso nunca vimos a
Santa Teresa de Calcuta especulando en la Bolsa para ayudar a los pobres.
Que se llena de oportunistas robacámaras, da lo mismo. Ahora vivimos en democracia. Y ésta no llegó con la
Concertación como creen los ilusos. Llegó con el cable y la internet. Democracia es que mientras
Karla Constant y
Juan Pablo Saez hacen cantar al público el
24500-03 por cadena nacional a las 10 de la mañana, uno tenga la posibilidad de ver la historia del taladro en
The History Channel. Ya no es necesario sufrir en vivo y en directo con el lloriqueo incontinente de
Solabarrieta para colaborar con la noble causa. A menos, claro, que Ud. sea uno de aquellos que requiere de altas dosis de morbo a la vena para sensibilizarse. Eso nos lleva al tercer típico reproche.
Que utilizan todo tipo de triquiñuelas publicitarias para extorsionar al televidente y hacerlo sentir que si no da plata es el hijo de puta más grande de la tierra. ¿Y qué? Debemos comprender que la solidaridad es un valor nacional que yace anquilosado la mayor parte del tiempo y cuesta volver a ponerlo en funcionamiento.
De todos modos, al término de cada una de estas jornadas uno no puede evitar preguntarse qué pasará cuando
Don Francisco no esté entre nosotros. Más aún cuando vemos que otro prócer de la patria
se bate entre la vida y el infierno, advirtiéndonos que nuestros héroes no son eternos.
Quizás cuando
Don Francis no pueda levantarse de su lecho para ofrecernos tal o cual producto ni agruparnos tras de sí en pos de la meta, nos tocará reflexionar en si es normal que tengan que mostrarnos la faceta más penosa de un niño lisiado; tanto primerísimo primer plano a los ojos lacrimosos de un famosillo figurón e hipócrita; si es indispensable tanta manipulación mediática para hacernos ir a un banco a dar plata, y si está bien que llamemos a todo ese espectáculo lastimero un "acto solidario".
Pronto: No se pierda el lanzamiento del sitio de Bloggers por la Figuración y la Trascendencia, BLOFIT.Labels: Don Francisco, Teletón