TODOS VUELVEN
Monday, March 27, 2006(Lámina de autoayuda gratuita con su visita a este blog. Prohibida su venta.)
Supongo que les debo una disculpa a los miles de seguidores de este blog, que veían angustiados cómo los días pasaban y no hallaban nuevos post en él. Y es que estuve en Lima, Perú, en casa de la familia de mi padre, y mis vacaciones se alargaron más de lo previsto.
Debo admitir que, tal como se encargan de recordarnos a diario nuestros medios de comunicación, el ambiente antichileno en el país del norte es irrespirable. Así que decidí prolongar mi estadía de 15 días a un mes completo, de puro masoquista que soy. Maltraté mi humanidad en las playas de la ciudad y entré a cuanto restaurante se me cruzó por el frente. Aproveché de visitar el Museo de Oro y las catacumbas de la iglesia San Francisco (vieja construcción que data del año 1645 y que está ubicada en lo que llaman “el centro histórico de Lima”); di un paseo por la Plaza Mayor, la Catedral y la plaza Chabuca Granda en el Rimac, acompañado por una linda sueca a quien serví de guía turístico; recorrí Miraflores y el boulevard de Barranco, con sus pubs y bares y locales de música en vivo, para terminar bajando por el Puente de los Suspiros hacia el cicuito de playas y su espléndida vista nocturna; etc... Todo esto entre carteles y gigantografías de los más de 20 candidatos a la presidencia de Perú y otros tantos al Congreso. Si de algo no descansé en mis vacaciones, fue de la propaganda electoral. Y qué querían, nada es perfecto en la vida. Menos en la mía.
A mí regreso, aproveché de pasar por algunas ciudades del norte y ya en Santiago caí en la apatía más absoluta, es decir, volví a mi estado habitual. A lo lejos recordaba que tenía un blog, y que debía escribir algo porque hace mucho tiempo no lo hacía. Pero no. No hallaba tema y menos las ganas. Hasta que un día, revisando el LUN, me topé con aquel aviso de Cachureos y un haz de luz me mostró el camino. Miren la cara de Marcelo. Observen su sonrisa dolorosa, como si dijera “soy feliz a pesar de mis problemas prostáticos”. Miren su cabello untado en Coleston 2000, a tal punto que ya parece un peluquín. Ya no tiene cuello. Las bolsas y arrugas de sus ojos, a causa tal vez de estar hinchando las pelotas todas las mañanas de domingo con sus personajes, mientras todos dormían; su mentón elevado y su mandíbula salida como consecuencia de las cientos de miles de veces que abrió y cerró la boca para entonar aquellas insoportables canciones. Y lo más notable: el logo de RED Televisión en la parte inferior derecha, lo que deja ver la desesperación del viejo animador infantil por no desaparecer de la parrilla programática. Entonces ahí estaba Marcelo, invitándome a sintonizarlo todos los domingos desde las 12:00. Su tiempo ya pasó, pensé. Su época de bonanza fue durante los tristes años 80, bajo el manto del general. Marcelo es a la animación infantil lo que Patricia Maldonado a la escena artística chilena. Por eso ahora la vieja cotorrea en un matinal y ya no canta. Sin embargo este clon de Patricio Melero no acepta el fin de su ciclo, y reaparece una y otra vez, reinventándose, dándonos una lección de ahínco, de constancia digna de imitar. Fue entonces que me dije a mí mismo que yo no era nadie para desoír aquel mensaje divino, que si estaba involucrado en un proyecto debía seguir con él hasta el final, que sólo la disciplina y la perseverancia llevan a las grandes metas. Así que recorté el aviso de media página, lo enmarqué y la puse en mi mesita de noche para contemplarlo cada vez que la abulia y la apatía se apoderen de mí.
El anarko-kapitalismo ha regresado a mover el pollo, señores.
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