Anarko-Kapitalismo Salvaje



EL VIEJO PASCUERO SI EXISTE!

Tuesday, December 20, 2005

Desde pequeño se me advirtió sobre la inexistencia de aquel viejo bonachón de barba blanca, que se metía por las chimeneas de las casas a dejar regalos. “¿Papá, existe el Viejito Pascuero?”, pregunté en una ocasión a mis cortos 4 años. “Existía, hijo. Pero lo mató Pinochet”, me respondió mi padre, muy sentidamente. “¿Y ahora quién me va a traer los regalos?” “Supongo que yo. Para eso me saco la mierda trabajando, huevón”.

Debido a esos detalles de mi vida, es que seguramente hoy tengo un punto de vista aterrizado y realista de las cosas, y no me permito creer en fantasías.
Gracias, padre. Cuando llegue el momento, prometo llevarte al mejor asilo de la ciudad.

Hoy, después de tantos años, debo reconocer que viví terriblemente equivocado. El Viejo Pascuero sí existe: yo fui hasta el Polo Norte para entrevistarlo. Y a estas alturas seguro usted, amable lector, haya arqueado el entrecejo sospechando estar perdiedo el tiempo con el post más huevón escrito jamás. Y puede que no, pero al menos haré el esfuerzo para cumplir sus espectativas.


LA ENTREVISTA

El frío arreciaba y corría un viento muy fuerte. Nevaba, cosa poco novedosa si estamos refiriéndonos al Polo Norte. Yo caminaba y caminaba en medio de la nada, y a medida que pasaba el tiempo, disminuían mis esperanzas de hallar lo que buscaba... Hasta que pude divisar la pequeña casa cuya chimenea expulsaba una larga columna de humo. Eché un vistazo al mapa que el Pato me había dibujado, y todo coincidía, justo cuando había comenzado a dudar de mi amigo y su dudoso croquis. Es que esos dos años en el psiquiátrico de la calle Olivos mermaron un poco su crediblidad.

Toqué la puerta a duras penas. En el acto me abrió un viejo gordo de barba larga y cana. Su aspecto andrajoso llamó mi atención. ¿Sería una sucursal del Hogar de Cristo?

- Jo, jo, jo, jo! Qué mierda quieres?- me interrogó mirándome de arriba abajo y apuntándome con su metralleta.

- Ah, soy... vengo a hacerle una entrevista –dije atónito.

- Ah, eso... okey, pasa. Es que con esto de la delincuencia, uno nunca sabe.

- Aquí también?

- Ya no hay lugar seguro en el mundo, hijo- me contestó con su voz gruesa y su acento neutro. Su visión lavinista del mundo me incomodó.

El viejo me invitó a pasar. Puso dos sillas de mimbre junto a la chimenea y, al calor del fuego, comenzamos la entrevista.

- Le llaman de muchas formas, pero de su nombre real poco se sabe...

- Así es. Me dicen Viejo Pascuero, Papa Noel, Santa Claus, San Nicolas...

-...viejo culeado...

- No, así no...

- Le aseguro que sí. Pero bueno, ¿cuál es su nombre real?

-Nicolas de Mira, en Europa oriental, Nicolás de Bari en occidente. También me llaman Sinterklaas, en Holanda. De ahí lo de Santa Claus, que es mejor por asuntos de marketing.

Miré de reojo mi libreta para corroborar el dato. Era cierto. Este viejo se había metido al Wikipedia o, en efecto, se trataba de Papá Noel.

- Cuénteme un poco de su actividad, Viejito.

- Bueno. Recorro el mundo en mi trineo y me meto a las casas a dejar los regalos que los niños me piden.

- ¿Qué hay de ese traje rojo tan conocido por todos?

- Ese traje de maricas me tiene harto. Pero la Coca-Cola es mi sponsor oficial y me paga por usarlo. Además, si no me presento con él a las casas, me corren a balazos. Por la delicuencia, tú sabes...

- Sí, sí, ya sé. ¿Crees que el abuso de tu imagen ha ayudado a distorsionar el verdadero sentido de la Navidad, incitando a la gente al consumismo?

- No lo creo. Además, soy agnóstico. Por la delincuencia, tú sabes.

- ¿Ah? ¿Y eso qué tiene que ver? –pregunto, un poco ofuscado.

- No sé, pero es un tema que me preocupa.

- ¿Crees que tienes alguna responsabilidad por la actual decadencia en el mundo?

- Bueno, puede ser. He regalado tantas Barbies, pistolas y tableros de Monopoly que el mundo está lleno de anoréxicas, asesinos y estafadores.

- ¿Qué hay de los duendes que le ayudaban a fabricar los juguetes? Dicen que no respetaba sus derechos laborales.

- Bueno, primero hice una reducción de personal, por estricta necesidad de la empresa. Es que los juguetes chinos son más baratos y empecé a importar. Después el Sindicato de Enanos comenzó a exigir aumentos de sueldo y esas cosas. Amenacé con llevar la planta de producción al Polo Sur, donde los enanos trabajan por menos y las leyes son más flexibles. Se botaban a huelga y protestaban a diario. La producción bajaba y los chicos del Tercer Mundo se quedaban sin regalos.

- ¿Por qué sólo los del Tercer Mundo?

- Por recomendación del FMI... Así que opté por echarlos a todos. Reconozco que me dio pena dejar tanto enano sin trabajo, pero antes que nada soy empresario. Además lo hice por los chicos del Tercer Mundo –agregó el Viejo, mientras una lágrima corrió por su mejilla.

Su mea-culpa me conmovió. Pero la entrevista estaba resultando una mierda, así que me fui al plano personal. En una de esas, lograba vender la nota al LUN.

- ¿Cómo está el corazón, viejito? ¿Quién lo acompaña en este lugar?

- Nadie, muchacho. Es un lugar frío y solitario.

- No hay alguna viejita por ahí? –pregunto picaronamente.

- Bueno, no... je, je... Pero a falta de viejitas...

Enseguida, Santa miró lascivo a través de una pequeña ventana, donde Rudolf estaba estacionado, junto a los otros renos. Un poco turbado, me alejé unos centímetros del viejo y proseguí.

- Santa, para terminar, ¿qué mensaje le daría a los Viejitos Pascueros de Chile?

- Que no sean idiotas. Háganse un traje más veraniego. Por si se han dado cuenta, por alla no nieva.

- Ok, Gracias, Viejito. Ha sido una entrevista muy... reveladora.

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