LA PERDIDA DE LA INOCENCIA
Thursday, November 16, 2006No iba a dar excusas sobre mi largo periodo de ausencia que seguro habrán lamentado los miles de lectores de este sitio, pero debo decirlo: atravieso por un profundo cuadro depresivo del cual estoy apenas saliendo estos últimos días. Los terribles casos de corrupción que vienen destapándose uno tras otro desde hace varias semanas, me han sumido en la más absoluta pena.
Ni siquiera aquel honroso puesto N°20 en el ranking de probidad, lograron animarme un poco. Tengo la sensación de ser gobernado por una manga de ladrones. Están logrando que lentamente vayamos perdiendo la confianza en las instituciones, base fundamental en que se sustenta la apatía de toda sociedad autocomplaciente. Y es que este ha sido un duro golpe al alma nacional. Longueira ha tenido la audacia de afirmar que la corrupción no es de ahora, sino que viene de antes. ¿Desde los tiempos de la dictadura? No; desde el gobierno de Lagos. Apenas estallado el caso Chiledeportes, apareció una obscena cantidad de lingotes de oro que Pinochet tenía escondidos en China. Es una cortina de humo, acusó la oposición; el tiempo -y El Mercurio- terminó por darles la razón y los partidarios del anciano dictador saltaron de alegría: No era tan ladrón como se afirmaba. Al lado de 9 mil kilos de oro, aquellos millones de dólares acumulados sigilosamente en bancos extranjeros lucen como una exigua propina por sus años de servicio. En tiempos de manos sucias, la figura de Augusto José Ramón se alza libre de polvo y paja, convirtiéndose en la esperanza de que aún existe algo de honradez en este país. Asesino, sí. Saqueador de fondos públicos, también. Traficante de armas, sin duda. Un vil bucanero ladrón de oro, léanlo bien, ¡jámás!
Por su parte Mr. Foxley ha metido tanto la pata durante su breve gestión, que en estos momentos debería estar pescando truchas en una parcela de agrado junto al chico Zaldivar. Creyó que la estaba haciendo de oro, pero la cagó una vez más.
Y si de hundidos se trata, cómo no mencionar a Guido Girardi. Uno de los políticos mejor evaluados de la Concertación, conocido por denunciar casos de negligencia médica y abuso empresarial, ha pasado a ser un Tombolini versión 2.0. Supongo que aún recuerdan a aquel bigotón cuyo apellido es, fue y será sinónimo de "coima" por los siglos de los siglos, amén.
Girardi alega ser víctima de una jugada política y mi abuelo se ganó una medalla en los juegos Odesur. Son las desventajas de tener tejado de vidrio. Como sea, Guido ha quedado tan maltrecho que podría ser el próximo niño símbolo de la Teletón. Y por qué no, yo lo veo y se me caen las lágrimas. Hasta el más indiferente se sacudiría de su indiferencia para depositar en la cuenta veinticuatro mil quinientos raya cero tres.
El que no tuvo piedad por su partido fue Fernando Flores. El ahora ex-PPD prefirió abandonar el barco antes de mojar su impecable terno. Se lavó tan bien las manos, que les sacó una foto y las usó en el banner para la campaña "Manos Limpias", lanzada en su portal Atina Chile. Sólo el gurú de las nuevas tecnologías podía hacer la de Poncio Pilatos en formato virtual.
Iba a poner en banner en el blog, pero recordé que la otra vez me robé un yogurt en el supermercado, así que no sería ético, sobretodo porque lo disfruto.
Por eso, queridos lectores, este blogger bacán como tú necesita una frase de aliento, una palabra de consuelo. Quiero recuperar aquella ingenua pero refrescante confianza en la clase política chilena. Deseo volver a esos días felices cuando acudía a la oficina del SII de mi sector y como buen microempresario honrado, pagaba mis impuestos con una sonrisa, convencido de estar aportando con mi granito de arena para un Chile mejor. Ahora lo hago con gesto adusto -enojao-, con la incómoda sospecha de que mi plata irá a parar a los bolsillos de un grupo de mafiosos.
Con qué fuerza recobra vigencia el independiente Sergio Velasco y su premunitorio: !Dejen algo, dejen algo, dejen algo!
Labels: Atina Chile, Corrupción, El Mercurio, Fernando Flores, Girardi, Lagos, PPD, Sergio Velasco, Tombolini





