REFLEXIONES DE SEMANA SANTA
Friday, April 14, 2006Que bonita es la Semana Santa. Creo que por estas fechas la gente hasta se pone más buena, más caritativa. Debe ser por esas películas de Jesús que pasan en la tele una y otra vez, a toda hora, como todos los años. Vibramos y nos emocionamos con los milagros de ese Jesús rubio de ojos azules y expresión distante; puteamos a Pedro por haberlo negado tres veces y a Judas Iscariote por haberlo vendido a cambio de unas monedas; odiamos a la turba que grita “Barrabás, Barrabás!” y a esos malditos fariseos que eran como los UDI de la antigüedad. Después la crucifixión, el entierro y por último la resurrección que nos hace quedarnos con la mirada clavada en la pantalla y los ojos llorosos.
Sin embargo, como leí por ahí, hoy en día se estila ser agnóstico porque es más “ondero”. Yo también me he declarado ateo no pocas veces, y me he enfrascado en aquellas discusiones religiosas con argumentos del tipo: “no creo en Dios, porque si Dios existiera no habría tanta hambre ni miseria ni guerras en el mundo, y no se morirían tantos niños en África”, etc., etc. Pero según la FAO (Organización de la ONU para la Agricultura y la Alimentación), el mundo produce comida para 12 mil millones de personas al año, y somos apenas 6 mil millones. Es decir que Dios nos bendice con el doble de la comida que necesitamos. El problema es que la distribución y los precios están en manos del mercado y de la Bolsa de Materias Primas de Chicago, o sea, en manos del Diablo quien, de paso, pitutea asesorando a Bush. Así que no le echemos la culpa de todo a Dios, por favor. Además, ser anti-mercado y anti-imperialista también es ondero, y como estamos en Semana Santa, esta vez me pondré del lado del Pulento.
Volviendo al tema, decía que Semana Santa es un periodo de recogimiento y reflexión muy bonito. Tratamos de no decir garabatos, deambulamos por las calles con expresión meditabunda y el viernes, por supuesto, no comemos carne. Podemos ser unos malditos fornicarios, estafadores, adúlteros y mentirosos durante todo el año, pero el viernes santo no comemos carne, porque es pecado. Me pregunto si los ministros de la Corte Suprema a los que denunció hace poco el juez Guzmán, se abstendrán de comer carne el viernes santo. Yo creo que sí, al fin y al cabo les quedan los otros 364 días para coimear y bailar desnudos con prostitutas.
El sábado seguimos mirando más películas de Jesús y Noé y Moises- a esas alturas da lo mismo de quien porque total todos usan túnica y barba. Los que tienen cable podrán ver La Pasión de Cristo unas 4 o 5 veces por día, dependiendo de cuán sádicos sean. Se trata de la versión postmoderna de la vida de Cristo, hecha para una generación acostumbrada a ver sangre en la tele mientras toma tecito, por lo que su capacidad para conmoverse ante el dolor ajeno es muy poca. Pero aquí Mel Gibson no deja a nadie indiferente, aunque su Jesús no sea rubio ni tenga ojos azules. Quien no se haya sentido tocado por este largometraje es un sucio insensible o una vieja de la Fundación Pinochet.
Y el domingo, celebramos la resurrección... con huevitos de chocolate. Más de alguien debe haberse preguntado qué tiene que ver eso con la resurreción de Cristo. Pero ya saben que cada festividad debe implicar la compra de alguna mercancía, así que no pregunten. Nosotros estamos hechos para comprar, no para preguntar por qué. Después vienen los cuestionamientos y comenzamos a pensar, y eso es peligroso para la sociedad. De todas maneras, busqué en internet el origen de este asunto de los huevos de Pascua, sin llegar a explicaciones del todo satisfactorias. Que ciertos colonos alemanes exportaron la costumbre a Estados Unidos, quienes, con el tiempo, la adoptaron como propia y la impusieron al resto del mundo como suelen hacerlo con todas sus fiestas y sus marcas y su política exterior. Se supone que el huevo es algo así como un símbolo de nacimiento, de la llegada al mundo de una nueva criatura. Pero nosotros no somos pollos ni salimos de un cascarón. De hecho, si esa fuera la razón, y en honor a la exactitud, deberíamos usar otro objeto para simbolizar el nacimiento... sólo que sería muy feo andar esparciendo choros por la casa, sobretodo por el fuerte olor del marisco.
Pensándolo bien, nos quedamos con los huevitos de chocolate.
Buen fin de semana a todos... :D
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