Por una Educación libre de L.O.C.E.R.S.
Wednesday, May 31, 2006Ya sé que los miles de lectores de este blog están esperando la segunda parte de lo que he denominado la Saga Sci-Fi. Pero vamos a cortar un poquito el hueveo y a hablar seriamente como tal vez nunca lo he hecho... :O
Justo cuando creímos que todo terminaría como siempre, algo ocurrió. Generalmente al Gobierno, ese que hace gárgaras con la palabra democracia cada vez que la ocasión lo amerita, le basta con sacar a la calle sus guanacos para acabar con cualquier protesta masiva. Porque ya sabemos que son las fuerzas especiales de Carabineros los primeros emisarios que envían las autoridades para dialogar y zanjar las diferencias. Un par de merecidos lumazos a los inadaptados, sorteo de bombas lacrimógenas entre los presentes, justicieros chorros de algua por aquí y por allá y asunto arreglado: se restituye el órden y vuelve la paz a este Chilito donde no pasa nada y donde, salvo por unos cuantos vándalos y sus acciones repudiables, todos vivimos felices.
Pero esta vez no bastó. Esta vez no fue suficiente con la cobertura de la tele y los diarios que denunciaban oportunamente los desmanes ocurridos durante las jornadas de protesta, olvidandose (también oportunamente) de informarnos por qué diablos reclamaban esos pendejos, qué cresta querían. Porque al mostrarnos encapuchados lanzando bombas molotov, lo que los medios buscaban era la adhesión de la opinión pública a su ideología que reza que toda protesta, todo acto que implique el juntarse y organizarse para reclamar, es sinónimo de vandalismo, desorden y por lo tanto nosotros, los televidentes, debemos repudiar tales acciones y clamar a las autoridades por mano dura. Qué se habrán creído estos cabros chicos, vayan a estudiar, qué reclaman, qué protestan.
Entonces estos cabros chicos se tomaron los colegios, persistieron en sus demandas. Y de pronto, ya no eran ni vándalos, ni una caterva de desordenados que salían a hueviar a las calles para capear clases. Se convirtieron en un movimiento respetado, en actores sociales dignos de ser invitados a los sets de televisión para exponer sus peticiones a esa teleaudiencia que terminó por prestar atención al tema de fondo, que comenzó a comprender lo que estaba en juego aquí.
Hemos sido testigos de las indignas vueltas de carnero de un ministro pusilánime como todos los últimos ministros de Educación que hemos tenido, que creyó que con bravuconadas escupidas en un par de conferencias de prensa se iba a ahorrar el tener que oir y negociar con la asamblea de los Centros de Alumnos. Pero no hay que ser tan drásticos con él. Ése es el estilo que heredó, es la manera a la que se acostumbraron a actuar estos demócratas post-dictadura y la clase poltica en general que, de un momento a otro, abrieron los ojos y se dieron cuenta de la mala calidad de la educación. Entonces la oposición le echó la culpa al mal manejo del Gobierno, el que a su vez se defendió argumentando que habían aumentado la cobertura y ahora era el turno de mejorar la calidad. Como si fuéramos huevones, como si no fuera demasiado evidente que entre ellos configuraron el estado actual de la educación que en estos últimos 30 años no ha hecho sino empeorar.
Ahora no queda otra que apoyar este movimiento, que no está contaminado con los intereses de ningún partido político en particular, ni tiene el toque de esa izquierda rancia que domina a los movimientos universitarios, esos que ven en cada demanda y reclamo una oportunidad para sus revoluciones caducas, para volver a los tiempos de la UP y hacer fogatas y ponerse ponchos y cantar temas de Víctor Jara. Tampoco hay espacio para ironías ni medias tintas, como están acostumbrados los que leen este blog. Este es un tema que nos toca a todos. Estamos demasiado cerca de lograr una reforma importante, quizás la más importante de las últimas décadas. He leído a muchos rebuznar en sus blogs acerca de estos “cabros chicos gritones” a los que no cabe tomar en serio porque sostienen pancartas con saludos a la mamá, o porque supuestamente no tienen idea por lo que alegan. Como si eso le restara legitimidad a un reclamo justo y que apunta a un cambio como el que jamás lograrían con ninguna de sus parrafadas. Son precisamente estos “pendejos” y sus “pataletas”, los que nos tienen a todos hablando sobre reformar una ley orgánica constitucional.
Háganse esa escribiendo en sus blogs. Ja!
Vamos a luchar por una educación digna y de buen nivel. A menos que queramos que nuestras futuras generaciones terminen como miembros de las fuerzas especiales de Carabineros o adhiriendo a movimientos neo-nazis. O que nuestras hijas acaben convirtiéndose en esas viejas que votan por especímenes como Lavín porque “hace cosas”.









